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EXPOSICIÓN 13+5 DE IKI ALVARADO (Estudiante de licenciatura de Artes Visuales de la FAD TAXCO)

Nuestro autor, tiene una doble cuestión que proponernos en esta exposición. La primera, es una reflexión sobre lo efímero de la juventud y sus cualidades. La segunda es una crítica a los medios en que el arte visual se manifiesta.

En la exposición veremos 18 retratos, sin embargo ninguno de ello es el lienzo original, sino reproducciones en impresos digitales. Con la acción de suplantar el original por la copia, el autor pone a prueba la capacidad comunicativa de la imagen y lanza unas preguntas: ¿Una reproducción será capaz de comunicarnos todo aquello que esta en el original? o ¿El poder del arte reside en su carácter de obra única?

No es casual que las imágenes originales «suplantadas» por copias en esta exposición, sean retratos. Pues el retrato mismo, es un intento de retener lo esencial del modelo original en una copia. Por lo tanto podríamos cuestionar al artista en los mismos términos en que él cuestiona el problema del original y la copia: ¿Es capaz el pintor, de comunicarnos por medio de un retrato, todo aquello que está en la persona real?, ¿es su ojo y su mano capaz de develar la verdad de una persona?

Si consideramos que los humanos, somos una de la pocas especies que pueden identificar su imagen frente al espejo, y que esta imagen a su vez, funda en gran medida nuestra identidad, notaremos la relevancia de «el retrato». Tal vez lo más inquietante es que nuestra imagen cambia con el tiempo; tenemos y tendremos imagen de niño, de joven, de viejo y en todos los casos podremos identificarnos como los mismos.

Es por lo anterior que el retrato, más allá del genero pictórico con su múltiples funciones sociales como: hacernos conocer el rostro de la autoridad, mostrarnos las cualidades morales de ricos y pudientes, darle rostro a lo inefable o guardar la imagen de quien se va, tiene también su profundidad en si. Hacerse retratar es un intento de encontrarse a si mismo en los ojos del pintor, con la esperanza de que él sea el filtro que revele la verdad del retratado.

También ocurre, que el pintor descubra a alguien a quien vale la pena retratar. Que encuentre en determinados individuos, alguna característica que le interese, que le provoque, que le atraiga y que le induzca a retener en una imagen aquello que ha descubierto en la persona.

Iki Alvarado, hace este ultimo ejercicio en esta muestra. Los retratos hechos por el artista, entre ellos un autorretrato, coinciden en ser representaciones de jóvenes de belleza idealizada. El autor se ha hecho cargo de mostrarnos la dulzura, ingenuidad, fragilidad o ímpetu de aquellas. Todas las características anteriores, propias, aunque no privativas de la juventud.

En palabras del autor, retratando a estas personas intenté «mantener toda esa juventud e ingenuidad por siempre». Su declaración nos hace saber que él es consiente de, que nuestra imagen es efímera, como es efímero también lo que ella nos revela. La imagen juvenil terminará por desaparecer y con ella también, la ingenuidad, la dulzura, el ímpetu o la esperanza que la acompañan. Dejando solo su rastro en el recuerdo y en la imagen plasmada.

Las personas aquí retratadas, nunca serán mas jóvenes que en estas imágenes. Quizá, nunca lo fueron. Pero un retrato no es es solo la imitación mas o menos atinada del original. En el retrato el pintor revela y revive algo más que el reflejo en el espejo.

Carmen Tapia.