TEMAS DE CLASE: Arte y Diseño Medieval y Renacentista

La presentación está en dos partes por el peso de la resolución de las imágenes. En la parte 2 está al final una guía para la INVESTIGACIÓN TÉCNICA. La imagen impresa puede ser un detalle, otro ángulo o una composición de varias referencias de la misma pieza artística en la misma hoja, no es indispensable a color. Lleven lo investigado en impreso.

El arte de la época medieval (guía cronológica)1

El arte de la época medieval (guía cronológica)2

Temas generales A INVESTIGAR para la SEMANA V:

ARTE PALEOCRISTIANO Y BIZANTINO, ARTE DE LEJANO Y MEDIO ORIENTE (SIGLOS IV AL XIV), ROMÁNICO Y GÓTICO EUROPEOS.

Datos técnicos: País, autor o tipo de obra, título o referencia, técnica, materiales, medidas, museo, colección o lugar donde se encuentra, estilo, tipología histórica o grupo cultural, año.

CONSIDERAR 2 o 3 REFERENCIAS DISTINTAS PARA PROFUNDIZAR EN CLASE Y ELEGIR UNA.

Las presentaciones que vimos en clase pesan demasiado para esta plataforma y no pude “subirlas”. En la sesión V (9 de marzo) completamos con GÓTICO y hacemos un repaso de todo.

PRESENTACIÓN CRONOLÓGICA SIGLOS XV Y XVI

El arte del siglo XV y XVI 1pCrono

El arte del siglo XV y XVI 2pCrono

PROYECTO FINAL

PROYECTO FINAL

Sobre la cultura de la cultura

Tyler (1871): es un todo complejo que incluye los conocimientos, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y todas las otras capacidades y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad.

Kroeber y Kluckhohn (1952): consiste en esquemas explícitos e implícitos del y para el comportamiento adquiridos y transmitidos con la mediación de símbolos.

Goudenough (1968): es aquello que realmente necesitamos saber o creer en una determinada sociedad de manera que podamos proceder de una forma que sea aceptable para los miembros de esa sociedad. Es más bien la forma que tienen las cosas en la mente de la población y los modelos de la misma para percibirlas, relacionarlas e interpretarlas.

Mirzoeff (2003): La cultura visual no depende de las imágenes en sí mismas, sino de la tendencia moderna a plasmar en imágenes o visualizar la existencia.

Brea (2007): Cultura_Ram significa: que la energía simbólica que moviliza la cultura está empezando a dejar de tener un carácter primordialmente rememorante, recuperador, para derivarse a una dirección productiva, relacional.

Ball (2016) Frente a los numerosos tentáculos de la visualizad, la “cultura” ya no puede ser localmente específica, como lo es en la etnografía; ni universal, como en la filosofía; ni global, como en algunos clichés de corte económico recientes; ni un juicio o un valor, como en la historia del arte.

La cultura como objeto de estudio es relativamente reciente. Su vínculo estará primariamente ligado a la Antropología, a la Historia y buscará ser una subdisciplina después de mediados del siglo XX (Estudios Culturales) y un desvío en la práctica crítica en los años noventa como Visual Culture o Visual Cultural Studies .

El término cultura como concepto -no en lo etimológico de cultus- cultivo- alude al capital cognitivo no nato en las sociedades,  toda conformación de conducta, práctica de simbolización y su fijeza en los objetos, el pensamiento y la memoria colectiva. Para las sociedades del siglo XXI, está implicada a una “Cultura_Ram” (Brea, 2007), un territorio virtualizado como “imagen-superficie” (Buck-Morss, 2003), un viraje hacia lo visual y lo cognitivo desde la Realidad Virtual, al postcapitalismo con sus  sociedades hipermediatizadas. Este esbozo de nuevas disyuntivas nos hace contemplar otras estrategias para abordar tal expansión y su conceptualización otra, ante la avanzada de nuestro siglo en las áreas de las Artes y el Diseño.

En la hegemonía del arte aurático (antes de Benjamin), la relación Historia-Cultura, Arte-Cultura, Estética-Arte, habían construido un andamiaje académico elitista en un régimen escópico donde la memoria material era mostrada en lo posible, por las instituciones de poder y difusión que abarcaban esta conformación de estado-nación modernos. La relación otra ha sido mediante las políticas culturales en el sentido local de México, una coyuntura y tangente a las aportaciones de participación social, resistencia, tensión en lo crítico -arte para/ por/ contra / social /político-. Pero el desarrollo hipercultural (multicultural  para el siglo XX), en nuestro siglo está en cuanto a esa insinuación de José Luis Brea como producción relacional, es decir, la realidad es una potente producción, difundida y distendida por las mediaciones tecnológicas. La territorialidad de la cultura en lo local se torna feroz a la raíz, los mitos y culto de lo propio como convulsión de su entorno. La globalización y la Realidad virtual se asoman como mito posmoderno de una cuántica operativa, tautología de la vida simulada y emoción teledirigida.

La cultura como desplazamiento dotado de la energía simbolizante de la intersubjetividad en los entornos urbanos (metrópolis, megalópolis), ve expandida y comprimida su práctica social para o desde las imágenes como interfaz. El mito tecnológico genera vértigo, pero los cuerpos en los procesos de individualización, identidad e ilusión de género, se topan con la energía propia de la mirada en tales espacios de creciente exponencial de signos -más allá de las semiósferas de Lotman-, para verse permeados en las experiencia culturales puestas en los entre-tramados urbanos desde políticas invadidas de un capitalismo afectivo y ergonómico en su visualidad embellecida, embelesada, desmoronada o cercenada en lo histórico y las economías locales.

La relación requiere interrelación para cumplir tales intersubjetividades, que las prácticas culturales puedan ser activadas por las artes y el diseño sin que estas se “resistan a sí mismas”. Las reformulaciones estéticas, éticas en las políticas culturales, podrán verse impuestas sus expectativas relativamente, pero aquellas que hacen de una dialéctica, dialógica de energías potenciales en el uso del conocimiento inter-disciplinar, podrán establecer su dirección entendiendo una “ontología interiorizada” de las problemáticas, pero también una “ontología externa” a las nervaduras urbanas donde la “canonización” del graffiti sin que sus productores penetren en tales subjetividades comprimidas en lo local-específico, el arte genérico (“arte urbano, street art”), poco activará sus espacios si estos en sí ya establecen una estetización subsumida en su propio “Capitalismo y Esquizofrenia”. El arte participativo podrá verse como “convivencia sana”, productiva en un hacer, pero que tal vez falte establecer los silencios necesarios para todo ruido en la semiosis social en nuestras grandes urbes.

En algunas de estas cuestiones más que aseveraciones de juicio, están espacios no solo físicos, sino de interrelación humana, rotos o distendidos en su memoria circundante, misma donde las artes y el diseño requieren de estrategias y planteamientos que comprendan tales intersticios, actuar, hacer, entender la movilidad de la cultura de la cultura.

Sergio Koleff Osorio