Ponencia II

ACTO-ACTIVIDAD-CONOCIMIENTO

Una visión heterofenomenológica de la producción artística.

Presenta: Mtro. Marco Antonio Albarrán Chávez.

Esta ponencia se plantea responder a la necesidad de observar la producción artística como resultado de un proceso en la naturaleza que contempla la participación de diversos fenómenos que convergen en la estructura del hombre y que involucran su desarrollo cognitivo. Acto se refiere así a la concepción de la suma de características físicas y cognitivas que deviene en actividad en el mundo de los fenómenos y que como consecuencia de su actividad surge, se consolida y se desarrolla el conocimiento. Un conocimiento que inicia como mimesis, continúa como téjne y termina como poiésis. Es decir, Arte.

La primera parte se avoca a poner en claro que la ciencia ha utilizado una estrategia de fragmentación del conocimiento, que nos ha llevado a conocer un sin fin de aspectos de la realidad que presentan una inclinación referencial profunda de la naturaleza, pero que poco nos dicen del sentido de ésta. Motivo por el cual se hace necesario un elemento de contraste que evidencie las diferencias que existen en los modos en que las áreas de conocimiento conceptualizan la observación de la realidad. Y uno de esos medios de contraste lo constituye el arte y las humanidades.

La segunda parte versa sobre la concepción filosófica tradicional de la mente, la cual para la ciencia resulta difícil de situar como un problema a resolver. Regularmente se parte de la idea decartiana del dualismo cuerpo-mente, la cual fracasa para explicar una serie de fenómenos ubicados en diferentes dimensiones del pensamiento, de la emoción y de la sensibilidad subjetiva –todas ellas relacionadas cerca o lejanamente con el arte- y que obtiene como resultado una realidad mutilada. Se retoma, para allanar el problema, la propuesta de Sir Karl Popper sobre su visión de los tres mundos, así como la de Francisco Varela y Humberto Maturana que conciben a la mente como una coordinación del sistema nervioso y el cuerpo en su totalidad, es decir, una mente corporeizada.

La tercera parte aborda una serie de cambios biológicos generados en el contexto de la evolución de los homínidos y que han contribuido para conformar la actual estructura fisiológica y psicológica del homo sapiens. Características como el andar bipedal, la postura erguida, el pulgar oponible, la vista con todas sus particularidades en coordinación con la mano, han jugado cada una de ellas en lo particular y sumadas en lo general, una serie de potencias y/o facultades que especifican al hombre y han construido un concepto o entidad abstracta conocida como Razón.

La cuarta parte retoma las ideas Aristotélicas en relación a como se compone la Razón en el hombre y cuáles son sus estrategias y actividades en relación a la adquisición y generación de conocimiento por el hombre. En una de ellas, la razón práctica, el filósofo ubica a la téjne, conocida en latín como arte, la relaciona en precedencia a mímesis y la conecta por consecuencia con poiésis. Así mímesis-téjne-poiésis construyen una cadena que trae al mundo de los fenómenos al objeto artístico, una entidad en la que no solo se condensa conocimiento, sino que a partir de el también se construye y surge más conocimiento.

El arte no es solo producción de un objeto cualquiera a partir de una base meramente sensorial y vacía de sentido, es la objetivación de una serie de conocimientos que parten de un presente, pero que presentan implicaciones con niveles de conocimiento intelectual ubicados en el logos poiéticos.

ACTO-ACTIVIDAD-CONOCIMIENTO

Una visión heterofenomenológica de la producción artística.

Presenta: Mtro. Marco Antonio Albarrán Chavez.

En esta ocasión me parece necesario iniciar por explicar el título Acto-actividad-conocimiento. A través de esta cadena de palabras deseo establecer una concepción de sucesos en la naturaleza que, como tales, no aceptan rupturas o fisuras posibles y que vistos así nos permiten entender el desglose y desarrollo del conocimiento, no las aceptan porque de hacerlo romperían también con una visión que busca enfatizar la articulación de fenómenos en la vida en movimiento. El propio subtítulo “Una visión heterofenomenológica de la producción artística” afina y explicita esta concepción móvil y señala al mismo tiempo que se trata de una visión heterogénea de fenómenos en la realidad que intervienen para dar paso y hacer posible la producción artística.

Parto de la idea aristotélica del acto –conjunción de energía-materia-forma- y como de el surge la actividad, puesta en marcha de un trinomio que engloba a todo aquello existente en este universo múltiple que habitamos. De alguna u otra forma todo cuanto constituye el universo participa de estas entidades. La existencia y participación activa de cualquier fenómeno en el universo las tiene como plataforma. El hombre no es la excepción. De tal conjunción en movimiento y bajo una estructura específica (el cuerpo humano en su totalidad orgánica) surge el conocer que da  aparición a la conciencia. Una parte de ella es la productora de arte, la cual a su vez produce más conocimiento, conocimiento que es capaz de alcanzar el estatuto de belleza.

Observar este proceso de fenómenos encadenados nos lleva a la idea de transformación y trascendencia del hombre. “A través de la apertura de las inmanencias al exterior se logra la trascendencia” decía Aristóteles, y con ello quería significar que al poner en actividad las características que son propias del hombre, éste logra trascender su propia vida, a través del ejercicio y aplicación de sus conocimientos no solo posee la fisicalidad de las cosas sino que al conocerlas las posee intelectualmente. Conocerlas es poseerlas.

Sin embargo existen diferencias de enfoque acerca de si el arte es capaz de producir conocimiento, la ciencia al establecer un marco metodológico basado en el método científico, niega que el arte sea una forma de conocimiento porque no está basado en certezas. Pero aquí entonces surge la pregunta ¿solo es posible producir conocimiento basado en premisas que siempre sean certezas? Por lo menos certezas tal como la ciencia las entiende. En este contexto de certezas absolutas es donde se ha perdido el valor de la forma, se observa el árbol y se pierde de vista el bosque.

Por su apego al dato regularmente numérico que niega los aspectos subjetivos de los objetos o fenómenos a estudiar, queda abolido un universo de calidades, formas y dimensiones que no son asimilables al número o al dato duro. Corrientes de pensamiento como las de las ciencias duras plantean un mundo centrado en lo físico, que, sino niegan lo sensorial, si lo desatienden y desdeñan. La ciencia ha desarrollado un trabajo extraordinario en relación a la exploración y disección del mundo físico a través de su metodología clásica de:”Eliminación de las cualidades, y la reducción de lo complejo a lo simple, atendiendo solo a aquellos aspectos de los hechos, que pudieran pesarse, medirse o contarse, y a la especie particular de secuencia de espacio-tiempo que pudiera controlarse y repetirse o, como en la astronomía, cuya repetición pudiera predecirse; 2º.- Concentración en el mundo externo, y eliminación o neutralización del observador con respecto a los datos con los cuales trabaja, y; 3º.- Aislamiento, limitación del campo, especialización del interés y subdivisión del trabajo.”[1]

“El medir un peso, una distancia, una carga de electricidad, con referencia a lecturas de índices establecidos dentro de un sistema mecánico, construido deliberadamente para ese fin, fue limitar la posibilidad de errores de interpretación y anular las diferencias de experiencia individual y de historia privada. Y cuanto más grande el grado de abstracción, mayor era la precisión de la referencia. Aislando simples sistemas y sencillas secuencias causales las ciencias crearon la confianza en la posibilidad de hallar un tipo análogo de orden en cada aspecto de la experiencia: Fue, en realidad, por el éxito de la ciencia en el reino de lo inorgánico como hemos adquirido cualquier creencia que podamos abrigar en la posibilidad de alcanzar un control y una comprensión similares en el inmensamente más complejo dominio de la vida.”[2]

Lo que queda de tal seccionamiento o fragmentación es solo parte de una realidad multidimensional, multiversal que olvida premeditadamente el sentido del todo. En esa costumbre de centrarse solo en ciertos aspectos de la realidad es donde la ciencia ha ganado en referencia, pero ha perdido en sentido. Es recurrente la condición de que la ciencia nos pueda proveer de datos precisos trasvasables a los números pero que escasamente nos hable de posibles sentidos de las cosas y esa por supuesto no es la vida completa que vivimos. Hoy en día exigimos cada vez más el sentido de las cosas. Si bien reconocemos el valor intelectual, histórico y científico de la aparición de la energía nuclear, también en nuestro fuero interno nos preguntamos que sentido tiene la construcción de bombas nucleares y peor aún su lanzamiento y detonación sobre poblaciones regularmente inocentes. ¿En realidad existe proporción justificable dentro del terreno de la ética, entre nuestro miedo a quienes consideramos nuestros enemigos y el ejercicio de lanzarles una bomba para aniquilarlos por completo? Me parece desproporcionado el acto en relación al argumento.

Ya lo situaba Popper muy bien: “La especialización galopante que sufrimos acaba perdiendo el significado de lo que hace. Galileo quería leer el libro de la naturaleza. Lo mismo quiere el ultramoderno, dejar de leer palabras sueltas, acabar con la fragmentación que despedaza el sentido, recuperar la gran sintaxis del discurso de la inteligencia y el gran argumento de la realidad.

Según Popper, la ciencia no hace más que repetir en un plano más alto, el método de la naturaleza. La percepción sensible, es también un sistema de hipótesis que se confirman o se falsean. La psicología le ha dado la razón. Según A. J. Marcel, los análisis sensoriales dan como resultado un conjunto de hipótesis perceptivas inconscientes y es la conciencia la que debe elegir entre ellas. Los procesos concientes se asemejan a un “proceso de verificación”. A cualquier lector de Popper le resultarán familiares estas expresiones.

Uno de esos problemas ubicuos, que resultan difíciles de situar porque afectan a varios campos científicos, es el de las relaciones entre mente y cuerpo…”[3]

Si nos atenemos a las premisas anteriormente citadas en relación a poner atención solo a ciertos aspectos de la realidad nos topamos de frente con un problema fundamental para una comprensión llana de la realidad. Si solo atendemos a lo físico ¿dónde quedan otros aspectos relacionados con las calidades de las cosas? sabor, olor, color, belleza, fealdad ¿no existen? ¿Todas las emociones que nos atañen debemos negarlas aunque nos arrebaten la propia razón? Me parece que es una carrera absurda que contradice la naturaleza de la naturaleza humana.

Lo natural en el estudio del hombre es su humanidad, y ésta está constituida por la totalidad orgánica que le sucede, ese es su espíritu, es la conjunción de sucesos y

eventos que le permiten relacionarse consigo mismo (a nivel de funcionamiento orgánico) y con su medio ambiente (a nivel de funcionamiento ecológico).

Y tal como dice A. J. Marcel en sus dos dimensiones: conciente e inconsciente.

Cuentan tanto las funciones orgánicas inconscientes tales como la respiración, latido de corazón, digestión, excreción, etc., como las concientes: análisis, síntesis, reflexión, razonamiento, porque sin las unas no existen las otras. Una visión fisicalista no es acertada porque no solo lo físico cuenta, una visión idealista tampoco es suficiente porque para que las ideas surjan éstas tienen que darse en un físico o materia, una visión que confié en que el organismo percibe a partir de representaciones u homúnculos desvirtúa el modo en que éste conoce, por lo mismo uno tiene que tener una visión o conceptualización de la asimilación de la realidad lo suficientemente abierta para que nos permita contemplar que la vida es un fluir diverso y heterogéneo de fenómenos en movimiento.

LA MENTE.

“Creo que es estúpido o al menos arbitrario, negar la existencia de experiencias mentales, o estados mentales, o estados de conciencia. Pero ¿cómo puede ser entendida racionalmente la relación entre nuestros cuerpos (o estados fisiológicos) y nuestras mentes(o estados mentales).[…] Para Popper el problema mente-cuerpo tiene dos ramificaciones: 1)La relación entre estados fisiológicos y determinados estados de conciencia. 2) La aparición del Yo y de sus relaciones con el cuerpo” [4]

El problema no es sencillo de explicar y de concebir, filósofos, neurólogos, psicólogos, cada uno tiene sus propias ideas en relación a como se logra esta unión y las implicaciones y consecuencias que tienen. Existen aspectos paralelos que demandan clarificación, mente, psique, espíritu, alma, conocimiento, conciencia son algunos términos que quedan atrapados entre este binomio complejo. “en una Conferencia titulada Hacia una base científica de la conciencia. […]se pudieron escuchar teorías que describían la mente humana como “fluctuaciones cuánticas de la energía del vacío del universo”, como la activación caótica de grandes grupos de neuronas, o como la acción de microtúbulos cuánticos. Los cognitivistas, por su parte, se sirven del lenguaje informático. Para Dennet, “las mentes humanas concientes son máquinas virtuales más o menos seriales implementadas –de forma ineficiente- sobre el hardware paralelo que la evolución nos ha legado”… Según Searle admitir que los procesos cerebrales causan los estados conscientes es un nuevo dualismo basado en una errónea concepción de la causalidad. Mi estado actual de conciencia está causado por procesos cerebrales de nivel inferior, pero ese estado no constituye una entidad distinta de mi cerebro: constituye más bien un rasgo de mi cerebro en el momento presente.”[5]

Estas ideas refrescan el ambiente de estudio del problema, pues toman en consideración tanto lo objetivo (aparentemente solo lo físico, medible, pesable, contable) y su relación con lo subjetivo (lo psicológico, lo estético, etc.). Tienden un puente entre estos dos universos y nos llevan a abandonar visiones como las planteadas por el razonamiento cartesiano que hasta hace unos años todavía intentaba tratar sobre la mente con la metáfora del cerebro en una tina.

Por supuesto que no somos un cerebro en una tina (como la metáfora de la Matrix) ni nada similar. Las relaciones entre sentidos y sistema nervioso central son complejas y por lo mismo necesitamos, a fin de entender el problema del arte y del conocimiento, un marco que contemple la realidad de una manera completa, en la que se tengan en cuenta las particularidades del observador y de lo observado y como de esa interacción o relación sujeto-objeto surge el fenómeno de observación. Aristóteles lo plantea de igual manera “entre el que siente y lo sentido está la sensación”. Y si bien la ciencia ha llevado a un extremo la consideración surgida en el seno del mismo arte a partir de los filósofos del siglo XVIII de que el arte es el dominio de lo sensorial o de lo sensible y solo de ello, mi intención es demostrar que en la producción de arte también participa el intelecto para generar conocimiento a través de logos, solo que mientras en la ciencia el logos es el de la lógica matemática y simbólica, en el arte es el logos poiéticos.

Como un marco de referencia que englobe las diferentes facetas a estudiar y observar quiero retomar el planteamiento de Karl Popper en relación a la división de la realidad en tres mundos: “Popper tiene una idea de la realidad que a mi me parece confundente. La realidad, sin más, prima facie, son las cosas materiales. Sin embargo, todo aquello que produce cambios en estos objetos materiales tiene que considerarse también real. Como las teorías, que pertenecen al Mundo 3, producen cambios en la realidad, tiene que admitirlas como reales y, además, puesto que esa eficacia tiene que ejercerla a través de la inteligencia humana, los estados mentales son también reales. Por decirlo con sus palabras:

  • “1.- Los objetos del Mundo 3 son abstractos (aún más abstractos que las fuerzas físicas) pero aún así, son reales, pues constituyen herramientas poderosas para cambiar al Mundo1. (No pretendo dar a entender que sea esta la única razón para considerarlos reales, ni que sean simplemente herramientas).
  • 2.- Los objetos del Mundo 3 poseen efectos sobre el Mundo1 solo a través de la intervención humana, la intervención de sus creadores, más concretamente, poseen dichos efectos gracias a que son captados, lo que constituye un proceso del Mundo 2, un proceso mental o, más exactamente, un proceso en el que entran en interacción los Mundos 2 y 3.
  • 3.- Por tanto, hemos de admitir la realidad tanto de los objetos del Mundo 3 como de los procesos del Mundo 2, aun cuando pueda no gustarnos admitirlo por deferencia, digamos, hacia la gran tradición del materialismo.”[6]

De manera que para Popper el Mundo 1 lo constituye el mundo de los objetos físicos, inclusive organismos; el Mundo 2 está constituido por las experiencias mentales (concientes); y el Mundo 3  por los productos de la mente humana (teorías y obras de arte).

En esta visión plural, ya existe espacio para incluir un universo de manifestaciones fenomenológicas diversas y complejas que desde siempre han acompañado al hombre en su devenir evolutivo. Abre espacio para tomar en consideración teorías por demás interesantes y si se quiere con relativa controversia. Establece vasos comunicantes y complementa por continuación la teoría de los biólogos chilenos Francisco Varela y Humberto Maturana en relación a qué es la mente. Para estos dos científicos egresados de la Universidad de Harvard, la mente no debe ubicarse localizada solo en la cabeza, puesto que tal condición marcaría que sería predominantemente cefalocéntrica. Para ellos el sistema nervioso central requiere, y las tiene, de extensiones sensoriales diversas que presentan a su vez una serie de condiciones tipificadas y específicas en cuanto a aprovisionamiento de datos.

Los cinco sentidos discriminan la realidad a partir de su propia especificidad determinada por su propia estructura y le “informan” al sistema nervioso de acuerdo a sus propias calidades de interpretación. Por lo que es muy difícil concebir a una mente sin sus respectivos sentidos proveedores de esa serie de estímulos caracterizados que conforman el flujo que alimenta y conforma la conciencia. La conjunción de estímulos es lo que aparentemente conforma la percepción de la realidad, desglosada, abatida, desplegada a partir de imágenes, sonidos, sensaciones táctiles, olfativas, gustativas, etc., todas ellas activadas y coordenadas en el dominio de la cinestesia.

La mente no está en la cabeza, la mente es la articulación coherente, ordenada, organizada de todo el fluir recursivo de datos o estímulos que conforman la sensación arrolladora del presente activo. Además tenemos paralelamente corriendo los tres principios de inteligibilidad que menciona Edgar Morin en su libro El conocimiento del conocimiento, esto es: el principio dialógico; el principio recursivo y el principio hologramático. El primero “puede ser definido como la asociación compleja (complementaria/concurrente/antagonista) de instancias, necesarias conjuntamente necesarias para la existencia, el funcionamiento y el desarrollo de un fenómeno organizado. La dialógica actúa en todos los niveles de organización cerebral.”[7]

El segundo menciona que “Todo examen de las actividades cerebrales debe utilizar hoy no solo la idea de interacción, sino también la de retroacción, es decir de procesos en circuito en los que los “efectos” retroactúan sobre “sus causas”. […] De este modo, hay retroacción entre acción y conocimiento, como por ejemplo cuando el encéfalo y la médula espinal envían señales de mandato a los músculos, los cuales les remiten información que les permiten ajustar estas señales de mandato. De múltiples formas, hay interretroacción recíprocas entre áreas y regiones cerebrales, que regulan unas a otras.”[8]

El tercero es aquel que: “En el universo viviente, el principio hologramático es el principio clave de las organizaciones policelulares, vegetales y animales; cada célula contiene en sí el engrama genético de todo el ser, cada célula sigue siendo singular justamente porque, controlada por la organización del todo (producida a su vez por las interacciones entre células), una pequeña parte de la información genética que contiene se expresa en él, pero al mismo tiempo sigue siendo portadora del las virtualidades del todo, que eventualmente podría actualizarse a partir de esas virtualidades; de este modo sería posible reproducir clónicamente todo el ser a partir de una célula del organismo incluso extremadamente especializada o periférica.”[9]

Este último principio esta plenamente comprobado en la clonación de la oveja “Dolly” la cual obviamente no habría sido posible sin la existencia de la encriptación de la información de la estructura total del organismo en cada célula que lo compone. Paralelamente es oportuno señalar la existencia de una memoria celular que contribuye al almacenamiento o conservación de datos particulares de la vida de un organismo vivo. Tal situación se ha venido mostrando de manera extraordinariamente enigmática en pacientes de transplante que han recibido un órgano en donación y que más adelante, después de la cirugía, no solo llegan a tener recuerdos vívidos de sucesos que le ocurrieron al donador, sino que en casos extremos llegan a fusionar o a adquirir la personalidad, igualmente del donante. Estos casos a la ciencia no le interesan porque contravienen justamente lo que líneas atrás mencionaba en relación a la concepción de la mente que privilegia una visión cefalocéntrica.

Si como dicen Varela y Maturana, la mente no está en la cabeza, esto abriría una conceptualización diferente que nos obliga a abandonar la idea de que los sentidos solo son “canales anodinos” de información,  también nos ayudaría  a entender algunos otros aspectos que aclararían las diferencias entre pensamiento y lenguaje, y por supuesto a empezar a cambiar nuestra perspectiva de cómo y en dónde se genera el conocimiento, y posteriormente como se explicita ese conocimiento hacia los demás. Porque los sentidos también son una parte de la razón y no existe motivo por el cual escindirlos, ya que ellos contribuyen a generar un concepto de “sensibilidad” que no se agota en el sentimiento y que pasa a la lógica en calidad de una dimensión abstracta que le permite al científico valorar los datos que él maneja, aún en su trabajo, el científico requiere del uso y desarrollo de una sensibilidad general. El pensamiento como tal debe ser algo que antecede al lenguaje, usualmente van acompañándose y complementándose entre sí, pero no son estrictamente lo mismo. Sin duda alguna en el lenguaje anidan una serie de valores intelectuales que son viables y fluidos gracias a las articulaciones gramaticales, semánticas, sintácticas y pragmáticas que lo caracterizan. Pero ¿de dónde y como surgieron todas estas dimensiones lingüísticas? Para hablar de ello se requiere ya de un planteamiento donde podamos explicitar de manera más completa la conjunción de características y funciones que constituyen y forman al Homo Sapiens.

EL ACTO.

Me propongo en esta parte abordar dos aspectos fundamentales que convergen en la construcción de conocimiento del hombre como especie: La vista y la mano. Y como de su trabajo conjunto surge el arte. Todo apunta a que éste último surgió como consecuencia del acoplamiento estructural entre vista y mano. Pero para ello debemos establecer una cadena de sucesos más sutil que contextualice el proceso evolutivo y nos ilumine sobre una serie de detalles que acompañaron a este dúo y que constituyeron una complementación maravillosa.

Una acotación importante es la relativa a los tiempos de la evolución, nosotros como especie pertenecemos a un linaje de aproximadamente 15 millones de años en los que se fueron presentando cambios orgánicos y estructurales gatillados por el medio ambiente y el universo conductual de nuestros ancestros. ¿Pero qué tiene que ver el medio con los cambios orgánicos y estructurales? Bueno pues que un problema en el medio regularmente genera una cadena de fenómenos, que en este particular contexto de dominio de la vida y del medio, se puede resumir como: un cambio en la estructura de objetivos, viene aparejado a un cambio en la estructura de habilidades, éste a su vez en conjunto con el tiempo biológico y genético de la evolución puede dar pie a un cambio anatómico-estructural. A tal proceso se le conoce como especiazión. Es decir, de una especie en particular surge otra u otras. El pez pulmón es un caso ejemplar en este concepto. Hubo un momento en el que dicho pez se debió haber confrontado en su hábitat con algún problema, como el escaseo de comida, lo que le llevó a buscar otro territorios –como los de riberas y playas- dentro de los cuales debió desarrollar un conjunto de habilidades diferentes a las que le eran útiles en su medio original y con ello, más el accionar del tiempo genético, le llevó a mutar su sistema respiratorio y con ello volverse un pez anfibio, ya con otra estructura pulmonar diferente.

De manera que en el hombre podemos suponer, sino estrictamente que sucedió tal como lo voy a describir, si existen elementos circundantes que son significativos para poder imaginarlos como cooperativos y cooparticipantes en la evolución del Homo sapiens.

LA VISTA.

La estructura formal de nuestro ojo es la de una semiesfera en la que, en un extremo presenta un orificio antecedido por una “lente” que permite que la energía lumínica ingrese a su interior. Dispuesto sobre el extremo contrario se encuentra la retina sobre la que se proyecta ese haz luminoso, en un punto ligeramente desplazado de su centro se encuentra la fóvea, lugar diminuto (aproximadamente de un milímetro cuadrado) pero que presenta una riqueza de terminaciones nerviosas que le permiten percibir con enorme detalle todas las superficies sobre las que se pose.

Esta estructura está complementada por una serie de músculos que le dan movimientos en un abanico circular de casi 170 grados a la redonda; y el nervio óptico que es el que lleva todos los impulsos nerviosos directo a la zona de la corteza cerebral. Constituye así, propiamente una extensión directa del cerebro al exterior. Además de ello debemos tomar en cuenta que se trata de dos ojos y que desde los primeros meses de vida debe aprenderse a coordinar el movimiento en un principio conocido como simpático y que tiene como tarea fundamental observar en una coordinación compleja, un punto concreto y preciso de la realidad circundante, esto es lo que le permite construir una visión foveal estereoscópica y/o tridimensional.

“Es ampliamente sostenido que la visión humana, por ejemplo, no puede ser explicada enteramente como un proceso de “manejo de datos” o de “arriba-abajo”, sino que necesita en los más altos niveles, ser suplementada por unas rondas de “manejo de expectativas” o de prueba de hipótesis (o algo análogo a prueba de hipótesis).

Otro miembro de la familia es el modelo de percepción de “análisis por síntesis” que también supone que las percepciones son construidas en un proceso que ondula de atrás hacia delante entre expectativas centralmente generadas por una parte, y confirmaciones (o desconfirmaciones) surgiendo de la periferia por otra parte. La idea general de estas teorías es que después de que cierta cantidad de “preprocesamiento” ha ocurrido en las capas primeras y periféricas del sistema perceptual, las tareas de percepción son completadas –los objetos son identificados, reconocidos y categorizados-por ciclos generados y probados. En tal clase de ciclo, las corrientes de expectación de uno y el interés por formar hipótesis para el sistema perceptual de otro, para confirmar o desconfirmar, y una rápida secuencia de generaciones de tales hipótesis y confirmaciones producen el último producto, el modelo corriente y actual del mundo del perceptor. Tales estados de percepción son motivados por una variedad de consideraciones, tanto biológicas como epistemológicas, mientras yo diría que tal modelo no ha sido probado, los experimentos inspirados por el modelo de aproximación han salido bien. Algunos teóricos se han atrevido tanto como para afirmar que la percepción tiene que tener esta estructura fundamentalmente.”[10]

A lo que aquí se refiere Dennet es a una serie de particularidades que la propia estructura del ojo hace viables, “en la forma la entelequia”. El manejo de datos es claro pues el solo ingreso de la luz a una forma esférica con estructuras (la retina) que capturan la luz en modos diferenciados, algunas de ellas (la fóvea) con un potencial de distinción más fino, señala que todo está dispuesto para ello. En lo que concierne al “arriba-abajo” es donde entran en participación los  músculos oculares, pero no solo es “arriba-abajo” sino también “izquierda-derecha”, “diagonal arriba-izquierda, diagonal abajo-derecha” y viceversa, lo que permite un efecto de barrido “rápido-lento” “grueso-fino”, así como también el desplazamiento de enfoque “cerca-lejos” y “lejos-cerca”. En el terreno de la expectativa e hipótesis a través del desempeño visual es como podemos elucubrar, lo liso, lo áspero de una superficie, su dureza o blandura, así como también el peso de un objeto. No se hable aquí del impacto psicológico en relación a las distancias largas y cortas en relación con el instinto de territorialidad y de la vida cotidiana de relación. Me refiero a que marcamos distancias a través del cálculo visual muy sutil y con ello nos aproximamos a nuestros amigos o pareja y nos retiramos de quienes no nos son familiares, también en esto la vista juega un papel activo.

En el caso del homo sapiens los movimientos oculares así como la evasión de la mirada o su concentración extrema va en relación directa con lo que podemos extraer de información de sus estados de ánimo y de sus emociones. En lo que concierne al análisis por síntesis debemos ligarlo a una entidad conocida por la neuróloga estadounidense Susan Greenfield como subsistema de atención. Dicho sistema, si bien parece no pertenecer a la vista, si es una entidad cerebral que trabaja fundamentalmente ligada a ella. Es aquella habilidad que coordina a qué sentido debe enfocarse la atención, por ejemplo, cuando hablamos por teléfono regularmente nos concentramos en el auricular y si estamos viendo la televisión al mismo tiempo, podemos perder detalles de lo que estén proyectando en ella, todo por nuestra necesidad de desplazar la atención hacia el terreno de lo auditivo de nuestra posible plática. Al igual que si estamos platicando con un amigo y próxima a nosotros se desarrolla una plática, con dos personas más, y deseamos enterarnos más fuertemente de la conversación de esas otras dos personas, aguzamos nuestra atención, y nuestro oído es capaz de desdoblarse para enterarnos del posible chisme. Con nuestra visión sucede lo mismo, los magos son capaces de llevar a cabo movimientos muy rápidos frente a nuestros ojos, pero manipulando a su antojo nuestro subsistema de atención, con ello perdemos el rastro de la acción y llevan a cabo su magia distrayéndonos.

De igual manera no podemos pasar desapercibidas las relaciones vista-tacto que también en el terreno de la elaboración de hipótesis constituye una interfase muy interesante. Se han planteado experimentos que permiten mencionar la existencia de vasos comunicantes entre la vista y el tacto, en inglés son llamados “afterefect”, y concretamente se refiere al fenómeno que se presenta al observar detenidamente una caída de agua de una cascada, la observación concentrada puede llegar a generar un efecto de que uno mismo se está moviendo. Otra situación similar es cuando en el tráfico de la ciudad dos vehículos, uno al costado del otro, se encuentran alineados y nosotros nos encontramos viendo al otro por la ventanilla, de repente el otro vehículo avanza suavemente, y nosotros sentimos que el nuestro se desplaza en reversa. En realidad fue el otro vehículo que avanzó suavemente hacia delante. Estas relaciones vista-tacto no han sido lo suficientemente estudiadas.

Como puede verse la vista no es una estructura simple, acoplada a músculos, cerebro y otras estructuras tanto fisiológicas como psicológicas es capaz de realizar una diversidad de tareas que constituyen nuestra vida cotidiana, la modulan, conforman y forman contribuyendo a la generación de pensamiento. Ese flujo sensorial, diverso, rico, complejo que coordinado en la cinestesia antecede al lenguaje. Ahora desplacémonos a tratar sobre el desempeño de la mano en la vida de los homínidos y del hombre.

LA MANO

Los principales cambios en ese periodo de 15 millones de años fueron: el cambio de los ciclos estrales a menstruales en las hembras y la cópula frente a frente; una alimentación omnívora pero principalmente centrada en las semillas y eventualmente en la carne; el aumento en la capacidad craneana, la constitución de una mano caracterizada por el pulgar oponible, el andar bipedal y erecto. A esta conjunción y en alusión naturalmente a la concepción Aristotélica de acto es a la que me quiero suscribir. A esta conjunción de elementos estructurales y orgánicos es a lo que me quiero referir como acto, pues todos ellos caracterizan al homo sapiens y a las funciones que son capaces de desempeñar les consideraré como actividad. Es de igual manera y en lo más general la misma visión de Popper en relación con la teoría de los tres mundos. También tengo la conciencia plena de que estos cambios no sucedieron todos simultáneamente sino en periodos de millones de años, por lo que solo a través de la imaginación e intuición podemos “regresar la cinta” de la historia evolutiva de los homínidos.

El cambio en los ciclos estrales en la fertilidad de las hembras por menstruaciones debió venir aparejado de un cambio en las relaciones conductuales en el universo de lo sexual. Los ciclos estrales que pueden ser anuales marcan un nulo acercamiento y compartición de lo cotidiano que no favorece el vivir en grupos sociales compactos y fuertemente aglomerados, a diferencia de los grupos animales en el que las hembras tienen ciclos menstruales (regularmente de 28 días) y de los cuales se desprende una vida social más cohesionada por condición de una sexualidad mantenida y no estacional. Del enfrentamiento en la cópula se presenta una visualización o mejor dicho una exacerbación de lo visual-emocional que engloba la asociación del placer empático visible en el orgasmo de ambos miembros de la especie. Hasta nuestros días somos capaces de leer el placer que somos capaces de provocar en nuestra pareja sexual, lo cual constituye un elemento de exacerbación de nuestro propio placer.

Una alimentación omnívora asociada a una constitución dental específica que impactó sobre la facie y retrotrajo la protuberancia del área buco-mandibular y dispuso a los ojos al frente. Desarrolló la capacidad de percepción del color y focalización de la vista; la mayoría de la dieta fue de frutos en los cuales el color es un criterio para calcular la madurez, así como de semillas pequeñas que exigen su percepción a distancia. De su posible escasez determinada por los periodos estacionales, debió desarrollarse una memoria más profunda para recordar el territorio de los mejores frutos y semillas.

La necesidad de acoplar movimientos de sujeción y balanceo donde se requiere fuerza extrema y por otro lado la de sujetar y arrancar frutos delicados debieron participar como propiciadores de la braquiación y del pulgar oponible. El desplazamiento entre las ramas de los árboles demanda acoplamiento de la vista (que analiza, calcula y mide distancia) con el brazo y la mano (que analiza, calcula y mide fuerza). Paralelamente la necesidad de arrancar y transportar frutos y semillas y en las que algunos de ellos presentan consistencia en su superficie que pueden ser blandas y delicadas debió haber jugado un papel de importancia para llevar a cabo ajustes entre la mano y el cerebro a nivel neural.

La vida en grupo o sociedad ha sido relacionada a nivel estadístico con el desarrollo en tamaño de los cerebros en especies como los murciélagos y los homínidos (entre ellos el hombre). Entre más vida social presente el grupo, mayor tamaño de cerebro se presenta, a esta condición se le conoce como encefalización. No debemos dejar fuera el que los homínidos en algún periodo de su evolución realizaron un cambio o modificación parcial de sus dietas que los llevaron al consumo de carne, factor que incrementó la ingesta de proteínas que son igualmente necesarias para la ganancia de tamaño del cerebro.

El andar bipedal y erecto viene acompañado naturalmente de la liberalización de las manos y brazos para ayudar al desplazamiento entre los árboles. El andar erecto y bipedal ya es común en la superficie abierta de la sabana y no en la jungla tupida de árboles y ramas.

Si nosotros  tomamos en cuenta estos elementos acoplados, sin duda nos permiten tener un panorama que ya es muy cercano y familiar para nosotros homo sapiens. El cambio estral a menstrual propició la aparición de la vida social cohesionada en la que florecieron las diversas actividades de convivencia continua y cotidiana, la dieta incrementó la memoria y el desempeño estructural del brazo y de la mano (con su respectivo pulgar oponible), una mano más desarrollada y más hábil trajo un universo conductual y gestual más diverso. El consumo de carne jugó un papel para el incremento de la masa encefálica, que a su vez permitió una valoración más compleja de los gestos y las conductas.

Bases primarias para la Reflexión

En los últimos treinta años ya se ha hecho cada vez más común el observar a los orangutanes y los chimpancés hacer un uso variado y continuo de sus manos, que va desde el uso de piedras, varas, tallos como herramientas; así como una serie de conductas que constituyen una vía de exploración aplicable en el espulgado de los miembros del grupo; de autoexploración en el toqueteo de sus caras y en el rascado; hasta las manipulaciones retroactivas, táctiles y propioceptivas. La propiocepción es un punto importantísimo dentro del trabajo cognitivo acoplado de la mano y la vista pues es el que permite el primer rasgo de autoconciencia, los orangutanes al confrontarse con un espejo son capaces de ubicar en su propio cuerpo una mancha dispuesta sobre su frente por algún investigador, dirigiendo naturalmente su mano no al reflejo de su cara en el espejo sino tocando su propia frente. Para los investigadores esto constituye ya un acto de la autoconciencia.

Para Oswald Spengler, el eminente historiador alemán, es de notar que en la mano anidan el medio y el fin, mientras que en la vista la causa y el efecto. Causa-efecto-medio-fin nos permiten vislumbrar un acomodo de cosas “en el presente” que van a modificar por división ese presente. El presente ya no es la eternidad congelada, a partir de entonces el presente se fragmentará en un inicio, un medio y un final –aparición de la llamada vida episódica-  y motivo y causa de la vida mimética. En la parición de las herramientas contemplamos ya un universo de actividad visuomotora pues hacer una herramienta implica la concepción dividida del tiempo en la factura. Buscar y ubicar una piedra que servirá para la herramienta final, encontrar otra piedra para golpear y darle forma a la primera, llevar a cabo la faena con sus respectivas pruebas y errores y usar y probar la herramienta. Pero eso corresponde a la etapa de la manufactura, después vendrá el acto y acción de compartir ese conocimiento con los semejantes, para ello deberá existir una entidad o conjunto de neuronas que efectúen el trabajo de repetir ordenadamente la secuencia de episodios. Es aquí donde debemos hablar de las neuronas espejo.

Neuronas espejo, base de la mímesis.

Las neuronas espejo fueron ubicadas por primera vez por los neurólogos italianos Iaccomo Rizolatti y Vitorio Gallesse de la Universidad de Parma en 1995, a través de un experimento muy sencillo. Ubicaron eléctrodos en el cráneo de un voluntario con el fin de tomar record de que áreas de cerebro se activaban mientras el voluntario veía cuando alguien llevaba a cabo una acción muy sencilla como rasgar una hoja de papel. Los neurólogos observaron que se activaban sectores específicos del área motora. Después pidieron al voluntario que realizara él mismo el acto de rasgar la hoja de papel, para sorpresa de los investigadores la actividad neural fue idéntica a cuando él solo observó a alguien más romper el papel. Más sorprendente aún fue cuando el voluntario no vio nada, sino solo escuchó el rasgado del papel, lo que llevó a los investigadores a considerar que ver u oír llevar a cabo una acción por otra persona equivale para el trabajo cerebral a lo mismo que realizarla o ejecutar la acción por uno mismo.

En otra fase del experimento se presentó, frente a un grupo de voluntarios, la proyección de dos videocintas: en la primera se les presentó a un grupo de personas realizando una serie de acciones que incluían disponer un mantel sobre una mesa, manipular unas tazas y unos cubiertos, etc. Se les interrogó sobre lo que habían visto. Todos respondieron que esas personas se disponían a tomar el Té. En la segunda fase del experimento, de nueva cuenta se proyectó la segunda cinta en la que el mismo grupo de personas disponían los mismos objetos en otra forma. Se preguntó de nuevo a los voluntarios sobre lo que habían visto. Todos respondieron que las personas en la proyección “recogían” la mesa después de tomar el Té.

Los investigadores, con ambos experimentos, llegaron a conclusiones que les permitieron en principio detectar la existencia de un grupo neural que se activa cuando vemos u oímos realizar acciones que para el cerebro son propiamente idénticas a cuando nosotros mismos realizamos dichas acciones, rasgar un papel, levantar la mesa, etc. A dichos grupos neurales les decidieron llamar “neuronas espejo”, y a través y como resultado de la investigación han comprobado su participación activa en relación a las capacidades miméticas, a su participación en el descubrimiento de la intencionalidad y en los sentimientos de empatía. Y parece normal que haya como consecuencia un encadenamiento que es factible ubicar en el desarrollo conductual de los homínidos incluyendo al sapiens por supuesto.

Si atendemos  a que para iniciar el desarrollo del lenguaje en el niño se requiere de la imitación de gestos y sonidos que exigen acoplamiento en dos niveles muy significativos del desempeño cognitivo, a saber: en primer instancia entre todos los niveles motores finos que incluyen el acomodo de labios, lengua, dosificación del aire por los pulmones, utilización de las cuerdas vocales y su respectiva adecuación y desarrollo neural en el cerebro; y por otra parte ya emitido el sonido, el acoplamiento conceptual entre sonido y objeto designado, acción realizada, concepto referido y cinestesia desplegada.

Por otra parte, en lo concerniente a la intencionalidad, es aquí donde podemos ubicar con base en el desempeño mimético su aparición necesaria y natural, aquel que imita se funde a un acoplamiento estructural que le permite “sentir” como aquel al que imita siente. Si yo imito el moverse de un león, en ese desempeño cinestésico, puedo, yo mismo encontrar y suponer como se siente el león y además cuáles pueden ser sus intenciones. Aunque vale hacer el énfasis en que las intenciones conllevan una base experiencial muy fuerte, es decir, en la vida continua y a través de haber experimentado empíricamente que el león cada que se agazapa y mueve sigilosamente viene seguido siempre de un ataque, le permite y permitió saber a sus presas de su intención a final de cuentas.

En lo que toca a la empatía, ésta es igualmente importante, porque como citaba en el párrafo anterior, imitar al león nos permite sentir “como siente el león” o al menos imaginar como puede llegar a sentir, pero quizá lo más importante es que marca una base para la reflexión.

DEL ACTO A LA ACTIVIDAD

De mímesis a téjne.

En la mímesis subyace un trabajo intelectual muy importante que es aquel modo de relación entre el sujeto y el objeto que permite al sujeto “salir de sí mismo” e ir hacia el objeto e identificarse, por análisis y síntesis, con el, “ser el objeto” por un instante para conocerlo, para poseerlo. Después regresar a sí mismo para imitar el objeto, pero ya no siendo el mismo. Porque conocer es poseer, conocer el objeto es ya poseer sus formas, las relaciones de sus formas y quizá lo más importante, intuir su función, fin o entelequia. “En la materia está la potencia, en la forma la entelequia” A ese proceso ya le consideramos reflexión. En particular en homo erectus podemos ya observar por la fabricación de herramientas que ya existía una cultura mimética. “La habilidad mimética, o mímesis, reside en la capacidad de producir actos autoconcientes, autoiniciados y representacionales, que son intencionales pero no lingüísticos.”[11]

“El ejemplo de la fabricación de herramientas sugiere como pudieron haberse combinado estas habilidades generales y especiales para dar lugar a otra importante habilidad mimética… La fabricación de herramientas es, fundamentalmente, una habilidad visuomanual, pero también implica obtener los materiales necesarios, preparar las herramientas apropiadas a su debido tiempo, repartirse responsabilidades, etcétera. El uso de herramientas innovadoras pudo haberse producido miles de veces sin que diera lugar a una industria permanente, a menos que el “inventor” de la herramienta fuera capaz de recordar y rehacer o producir las operaciones necesarias para comunicarlas a los demás.”[12]

Todo lo que he planteado con anterioridad corresponde a la participación conjunta de una serie de fenómenos que han tomado participación en la vida de los homínidos. En esa forma conjunta nos hemos transformado en lo que somos, cada una de estas características nos son particulares, al ser características particularizadas nos definen: homo sapiens. En este horizonte y con esta perspectiva en mente podemos catalogar a cada característica una potencia, facultad y/o inmanencia. Ahora es momento de intercalar la profunda filosofía de Aristóteles, que desde la antigüedad y con la sola herramienta de la observación aguda y analítica nos conduce a una comprensión que nimba todo el universo fenomenológico de la producción artística. Para el filósofo todo acto y toda actividad tiene un espacio dentro de su comprensión del fenómeno y nos explica con sencillez abrumadora cada eslabón, cada articulación, cada detalle y como de lo material la materia se transforma en idea, en dimensión abstracta. Artificial sí, pero real para la vida del hombre.

Para Aristóteles, como ya lo mencioné al principio, a través de la apertura de las inmanencias (todo aquello que es posesión particular de un ente) al exterior (precisamente la actividad de ellas) es como se logra la trascendencia. A estas alturas ya podemos hablar de la importancia de considerar a estas características potencias y/o facultades del hombre, ligadas naturalmente a la poiésis del arte. En el estagirita los términos Ars (latino) y Téjne (griego) son homologables. No hay propiamente diferencia alguna que los separe sustancialmente, de manera que para su filosofía da lo mismo hablar de arte o de téjne.

Responden a un ordenamiento del conocimiento en el que quedan dispuestos así: El primer nivel de conocimiento corresponde a la sensación, misma a la que si se le suma la memoria nos conduce al; segundo nivel de conocimiento, que es empéiria (la experiencia); el tercer nivel de conocimiento lo ocupa ya el arte; y el cuarto nivel pertenece a la ciencia. Lo que diferencia al experto (empírico) del artista, es que el primero solo conoce el qué (hacer) mientras que el artista sabe además el porqué (es decir las causas y sabe producir el fin).

Lo extraordinario de esta filosofía es que considera el arte o téjne como resultado de una serie de pasos en el que el ejercicio de una cadena de eventos sumados se coordinan en una secuencia maravillosa que transluce la profundidad del alma humana. Tal como puede verse entre líneas en la constitución del acto (Todas las características de la vista y de la mano, más las dimensiones y fenómenos que surgen como actividad de ellas) ya preludia y anuncia la participación de coordinaciones ambientales que se erigen como moduladores y formadores de un sistema nervioso corporeizado del cual surgen dimensiones abstractas de relación, como dice Popper más abstractas que las fuerzas físicas. Mímesis que engloba a la concepción episódica de la vida, que deviene en téjne que ya no solo es imitación congelada, sino que deviene diversa y que al resolver las contradicciones entre forma y función permite aparecer a poiésis y con ella a la inventiva. En estas líneas queda resumida esta visión heterofenomenológica, pero faltan muchas sutilezas por describir.

Para Aristóteles existen cuatro modos de decir la verdad del arte, con ellos él intenta abordarlo desde dos grandes niveles fundamentales, uno que corresponde al ámbito del conocimiento (los dos primeros) y el otro que corresponde al ámbito de la realidad (los dos siguientes) material: El ser como verdadero y el no ente como falso; el ser según el ámbito categorial; el ser según el acto y la potencia y el ser per accidens. Para los fines de esta ponencia solo abordaré los dos primeros.

Los medios de aproximación para el conocimiento los divide en: la razón especulativa y la razón práctica. La primera terreno de todo aquello que puede conocerse a través de la especulación (matemática, física, aritmética, etc.) y que es infinita en cuanto a lo que hay que conocer del ser; y la segunda la que contempla todo aquello que es propio del hacer (arquitectura, poesía, arte, medicina, etc.) y que es infinita en cuanto a como producirlo. Contempla al hombre como un ser o animal con logos para el cual su función principal o razón de existencia más alta radica en el ejercicio de la Razón (ambas, especulativa y práctica). Vivir su vida en el ejercicio de la Razón.

De ellas dos la más importante es la especulativa en la que convergen episteme, sophía y nous y cuya dinámica es theoría, y por otro lado, la razón práctica constituida por téjne y phrónesis y cuya dinámica es poiésis. La razón especulativa en el conocer se funde con el ser por lo que se dice que es infinita en cuanto a lo que hay que conocer del ser. La razón práctica en su dimensión de téjne se avoca a aquello que pudiendo ser o no ser no posee el fin en el principio, está separada de el, en lo que respecta a phrónesis es un conocimiento práctico que implica que el fin recaiga sobre el principio, es pues, el bien por sí mismo. La razón práctica trabaja con seres contingentes por lo que no puede haber predeterminación del fin. En esto radica una de las contradicciones, quizá la más importante, con la ciencia en la que para ella debe existir una hipótesis a comprobar para iniciar el camino hacia la verdad del ser, en el arte esto no es ni puede ser así, porque cuando el artista inicia su trabajo, la elaboración de su obra no conoce, ni puede conocer el fin. En el despliegue de su proceso productivo va de mímesis hacia téjne y a su vez de téjne a poiésis, y es hasta esta última en la que puede iniciar a vislumbrar el resultado de la aplicación de su conocimiento, pero antes es propiamente imposible.

TÉJNE.

Martín Heidegger pone un ejemplo para ilustrar cada una de las etapas, menciona que un orfebre al iniciar su trabajo tiene una sensación en cuanto a como producir un cáliz, pero esa sensación no es una idea concreta e inamovible, en cuanto tal, solo constituye un sentido general en relación a lo que quiere hacer, al ir paulatinamente haciendo su trabajo, va aplicando una serie de conocimientos prácticos que él ya posee como experiencia, sin embargo en el transcurso de ir objetivando (haciendo concreto) su conocimiento sobre el material, éste responde haciendo en ocasiones viable el desempeño técnico, pero también en otras ocasiones frenándolo y obstaculizándolo. El artista debe conocer su oficio y vencer en la medida de lo posible esas dificultades materiales, entre mayor experiencia tenga, más fácil le resultará allanar su camino. En ese transcurso, además tendrá que adaptar la función al fin, pero todo ello ocurre en el horizonte de lo práxico-corpóreo, una vez concluido el cáliz – y será hasta entonces – se conocerá el fin real y concreto de esa sensación inicial, es decir, la obra ya terminada. Por lo que al iniciar el trabajo de la obra de arte no se puede conocer el fin.

El ser como verdadero y el no ente como falso.

Para Aristóteles téjne tiene tres dimensiones dentro del primer modo de decir la verdad: Téjne como empéiria, téjne como doxa y téjne como episteme. En estas tres dimensiones la observa como del ámbito del conocimiento o gnoseológico. En téjne como empéiria reconoce que para contemplar el arte debe existir una base vivencial concreta, recordemos que empéria es la experiencia más la memoria, pero en este rubro él acota que el artista en su vida hace una serie de observaciones experimentales y de ahí el extrae una noción universal sobre los casos semejantes. En la téjne como doxa, es donde menciona que el arte debe incluir la consideración del logos, pero no en la forma del silogismo completo (premisa mayor+premisa menor que nos conduce a una conclusión) sino en la del entimema, que es una forma de silogismo incompleto. Para Aristóteles el hecho de que el arte parta de generalidades le ubica con toda razón en un terreno de relativa contingencia, proviene de generalidades, pero en la obra se particularizan y se hacen singulares. En el silogismo práctico o entimema el resultado que se obtiene es siempre probable y no único, porque el arte parte de representaciones y que como tales no necesariamente evidencian toda la verdad que los conforma, sino solo parte de ellas, pero que esa pequeña parte que muestran le es suficiente a la razón para captar la generalidad del ser que les constituye.

“En realidad lo que hizo la sofística fue demostrar la vaciedad e ironía de meras técnicas y retóricas sin contenido, pero al hacer esto mostró que la apariencia es forma para el conocimiento, que la razón humana no está atada al ejemplarismo”[13]

El hecho de que a partir de representaciones, opiniones de los expertos (y éstas son doxa), o apariencias, la razón trate de llegar a esa verdad o bien ocultos, no solo implica la participación de la lógica, sino que también evidencia que todo forma parte de un encadenamiento de acciones que como tal constituyen un proceso claro, continuo e infinito.

Por otra parte y antes de abandonar las consideraciones de téjne como doxa: “La modernidad a partir de Kant, muestra dos grandes prejuicios respecto al tema del arte: por un lado considera absolutamente necesario desligar la actividad artística del conocimiento, y para Aristóteles el arte es intelectual; por otro lado, tiene un peculiar rechazo a la noción de arte como hábito. La razón se debe a la ubicación del arte como fruto del sentimiento y a fincar la naturaleza del proceso creador en la genialidad. Mientras que en Aristóteles el hábito del arte es adquirido, para la modernidad es congénito, por lo cual en esta dimensión, tampoco parece haber conciliación entre la filosofía del arte aristotélica y el planteamiento moderno”[14]

Y esa es solo una aportación de la sofística, el entender el mundo a través de la apariencia de las cosas; pero la otra aportación es la que viene como consecuencia de ella; me refiero a la posibilidad de que el alma humana no requiera de certezas absolutas para desplegarse y actuar en el mundo y volar dejándose llevar por ellas, para crear seres nuevos. Eso es propiamente la inventiva.

“Si la razón, al razonar sobre su propio acto, es como muestran el arte de construir y el arte de fabricar, y por medio de estas artes puede más fácil y ordenadamente proceder en esos actos, por el mismo motivo tiene que haber un arte que sea directivo del mismo acto de la razón, por lo cual el hombre, en el mismo acto de razonar, pueda proceder, ordenada, fácilmente y sin error.”[15] Es en esa parte donde podemos ubicar al logos poiéticos.

La téjne como episteme reconoce la participación de reglas que son convalidadas en la praxis-corpórea, un manchón o borrón cualquiera no es arte, para que sea arte tiene que responder y obedecer a ciertas reglas. Entendemos que el arte, si algo lo caracteriza es precisamente la ruptura de reglas, pero en lo que respecta a téjne como episteme debe ubicarse como un puente entre el plano gnoseológico y el categorial, como hemos mencionado antes el seguimiento inicial de reglas debe contemplar que de téjne a poiésis existe una separación sutil que permite la adecuación de las formas al fin y que para ello debe existir un espacio de libertad en el que no está exenta la existencia de la contingencia, así como de la inventiva.

DE TÉJNE A POIÉSIS.

El ser del arte según el ámbito categorial.

En este apartado Aristóteles se refiere a las relaciones del conocimiento con la materia, se trata de objetivar el posible conocimiento adquirido en la experiencia, en la observación experimental que dirige a la constitución  de un universal, y acotado por reglas derivadas del propio ejercicio práxico-corpóreo, en algo concreto y existente en el mundo de los fenómenos. De tal aplicación de conocimiento sobre la materia, se deriva y origina el objeto artístico. Se trata de un objeto artificial (pero real para el hombre) que parte de una mímesis de fysis, el artista observa el trabajo de fysis y de allí extrae un proceder que se traslada a la obra, adquiere pues la téjne el carácter de transitividad. Es un conocimiento objetivado que, del artista pasa al objeto.

Pero el artista no se confunde, sabe que la téjne es un conocimiento que es la base para ejercer un movimiento o actividad que trae al mundo de los fenómenos un ser que no existía y que aunque imita el proceder de fysis no necesariamente lo hace en el mismo plano que ella, porque en la producción de ese objeto de arte, esta presente la libertad de elección a partir de un deseo. Objeto artístico y objeto creado por fysis no son equiparables.

Si antes acotamos que la intención final del hombre es vivir su vida en actividad y que lo que lo especifíca es la razón, se entiende pues que la creación artística implica el ejercicio de ella, pero un ejercicio de la vida en libertad, Cuyo resultado final es hacer el bien. Actúa como fysis, pero con intencionalidad y fin.

¿Hacer el bien a quién? Guarda dos dimensiones importantes el ejercicio de la téjne ya como poiésis; uno se refiere obviamente que a través de la actividad, el artista mejora su trabajo como obra ya terminada; y el otro es que él mismo desarrolla sus niveles de conocimiento propio. El constructor, al construir muchas casas, perfecciona el acto y la actividad de construir casas, perfecciona no solo el producto terminado, sino también perfecciona la actividad misma de construir.

Y así ya podemos entender que lo práxico de la actividad trae consigo un movimiento procesual (en tanto que de téjne deviene poético) y transitivo (transitivo porque el perfeccionamiento no solo es de la actividad como tal, sino porque utilizando el ejemplo anterior, transita hacia el perfeccionamiento de las casas).

En determinado momento la poiésis se congela en el tiempo para permitir la aparición del ser. “El origen de la poiésis es eficiencia, actividad, movimiento, y ésta es su naturaleza, su fin, cesar en la medida en que aparece el ser. El fin de la poiésis es su misma suspensión, dejar de ser en el tiempo para poder trascender el tiempo”[16]

Además para el estagirita el arte es un conocimiento por causas, las que el contempla así: La causa material, aquella de la cual proceden las cosas; la causa formal, la esencia, el todo, la composición; el agente, todo aquello de donde procede el principio del cambio; y la causa final, aquello para lo cual todas las cosas se hacen. En el caso de la pintura se pueden ejemplificar así: La causa material son los colores, el lienzo; la causa formal son la composición, el dibujo, las formas; el agente, la disciplina pictórica, la pintura como actividad y; la causa final, el fin el motivo o razón por la cual se pinta.

Aquí ya puede verse que es crucial, fundamental que todo el conocimiento que el artista pueda poseer en potencia, no será nada, sino se trasvasa al material y se “devela” como lo menciona Heidegger, esa “develación” es concretarlo, objetivarlo en la materia.

Recuperamos que la téjne esta sujeta a cuatro condiciones fundamentales que enmarcan su despliegue en la realidad: tiene el fin separado del principio; en ella participa la libertad; téjne es transitiva –un conocimiento que sale de sí y pasa al objeto-; téjne crea al objeto a través de poiésis, supone una actividad poética. Estos cuatro principios clarifican porque el arte no puede verse concebido como susceptible de sujetarse al planteamiento de una hipótesis para su puesta en marcha y su justificación como un proceso de conocimiento, por lo menos no como lo contemplan las ciencias. Efectivamente se trata de un conocimiento, del ejercicio de varios conocimientos que analizan, sintetizan, reflexionan, razonan la realidad, sobre la realidad y se presentan a ella con forma estética, como presencia ontológica. No es un mero conocimiento ordenador fisicalista, se trata de un conocimiento que en el acto poiético, concilia función y forma, pero que no se queda en eso, va más allá para buscar y conseguir la verdad del arte. Esa verdad del arte o verdades del arte son también las leyes constantes del ser.

BIBLIOGRAFÍA:

ASPE Armella, Virginia. Los conceptos de técnica arte y producción en la filosofía de Aristóteles. Ed. Fondo de Cultura Económica. 1ª. Ed. 1993, México. 247 págs.

MUMFORD, Lewis. Técnica y civilización. Ed. Alianza Editorial. 4ª. Reimpresión, 1987, México. 522 págs.

POPPER, Karl R. El cuerpo y la mente. Ed. Paidós. 2ª. Ed. 1997, Madrid, España. 206 págs.


[1] Mumford, Lewis. Técnica y Civilización pg. 61.

[2] Idem. Pg. 347.

[3] Popper, Karl. El cuerpo y la mente. Pg. 19

[4] Idem. Pg. 20.

[5] Idem. Pg 21.

[6] Idem. Pg. 23.

[7] Morin, Edgar. El conocimiento del conocimiento. Pg. 109.

[8] Idem. Pg. 111.

[9] Idem. Pg.113.

[10] Dennet, Daniel. Consciousness Explained. Pg 12.

[11] Wilson, Frank R. La mano. Pg 61.

[12] Idem. Pg. 61.

[13] Aspe Armella, Virginia. Los conceptos de técnica, arte y producción en la filosofía de Aristóteles. Pg. 60.

[14] Idem. Pg. 144.

[15] Idem. Pg. 64.

[16] Idem. Pg. 96.

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