La Clase de Anatomía. CONVERSATORIO

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO.

ESCUELA NACIONAL DE ARTES PLÁSTICAS. UNIDAD DE POSGRADO

COORDINACIÓN DE VINCULACIÓN Y APOYO  A LA COMUNIDAD.

67°  Encuentro de Ciencias, Artes y Humanidades.

“1er.  Salón de Artes, Ciencias y Humanidades”

Conversatorio La divina forma humana.

Ponencia: La Clase de Anatomía. Ensayo de Jorge Chuey.

La Clase de Anatomía.

Ojos que dibujan-Manos que miran.

Ensayo de Jorge Chuey.

La divina forma humana

El Microcosmos.

“El mundo es en su primera acepción la totalidad de lo que hay, consistente en cielo y tierra (…) Pero en su segunda acepción mística se lo denomina atinadamente hombre.

Pues al igual que todo lo que está hecho de los cuatro elementos, el hombre se compone de cuatro temperamentos (…) “ (San Isidro de Sevilla, 560-636. De natura rerum)

Cómo la más bella y perfecta obra de Dios, el hombre tiene un cuerpo más armonioso que el resto de las criaturas, un cuerpo que contiene todas las cifras, medidas, pesos, movimientos, elementos (…) y todo en él, como sublime obra maestra, alcanzó la perfección (…) No hay miembro del cuerpo humano que no tenga correspondencia con un signo celeste, una estrella, una inteligencia, un nombre divino en el arquetipo divino. La forma entera del cuerpo humana es redonda (…)

(Agripa de Nettesheim. De occulta philosophia) (1486-1535) que influyó en la obra de Durero.

Después de traer el tiempo pasado y resucitar los sueños ya muertos, quiero detenerme ahora y contra la nostalgia y el recuerdo, reclamo el derecho de volver a traer dentro de mi cuerpo a aquél viejo loco por el dibujo y la divina forma humana; a los siete años realicé la ceremonia de iniciación para rendir el culto al dibujo, a los dieciséis tuve la primer clase de anatomía, aunque el tiempo se lo lleva todo, incluso mi memoria, pero aún hoy sólo me invento mediante el recuerdo.

A los cincuenta publiqué infinidad de “dibujos”  erótico pornográficos.

Pero nada de lo que hice antes de los setenta merece tomarse en cuenta.

Es realmente desesperante poseer una memoria que comienza demasiado pronto y que perdura por mucho tiempo. Hay cosas que me gustaría olvidar… a los setenta y dos estaré aprendiendo algo acerca de la verdadera esencia de la naturaleza del cuerpo, de la naturaleza del Ser, de la montaña sagrada, de los ríos, de los mares y de las cosas. Por lo tanto cuando tenga ochenta años habré hecho aún más progresos; a los noventa no intentaré penetrar el misterio que envuelve al cuerpo, sino de vivir dentro de él, a los cien ya habré alcanzado un estado maravilloso, y cuando tenga ciento diez, todo lo que haga –aunque interprete sólo un punto o una simple línea- tendrá vida, pues deseo conocer la locura antes de envejecer.

Súbitamente me  topo con la divina organización.

Sugerencia de indicios  sobre el cuerpo y de mente perversa. ¿Anatomía?

La necesidad académica para retornar al origen, o simplemente de un arreglo cultural; acepto la propuesta para iniciar  una reunión con personas que conocen de Artes Ciencias y humanidades. Abro de nuevo el área de mi  mayor deseo; hablar de anatomía; el conocimiento y los procesos intelectuales de la mayor maravilla del mundo, el  cuerpo humano.

Así de simple, ¡mírame como tiemblo! volví a escuchar la voz incomoda, como ese sonido que llega sin querer hacer ruido y  que no quiere ser sonido.

Filosofía para  la anatomía humana,  el deseo para  reunirse y platicar con los que  sí saben, interesante apuesta educativa de conversatorio,  sobre la existencia de los divinos indicios del cuerpo. No controlo mi cuerpo; estoy en sus manos y me lleva adonde  él quiere.

Deseo acercarme; deseo aproximarme; quiero definir de manera sencilla mi gravitar  en el dibujo  dentro de mi cuerpo; como servidumbre humana o cómo un afán de acariciar el  cuerpo; o simplemente sólo necesito enunciar huesos y músculos.

Hoy, deseo  transformarme en un libertino; vivir en el libertinaje; para poder encontrar en mi cuerpo la libertad del  pensamiento…

A partir de esa extraña partícula experiencial que está en mi  cuerpo.

Es como aquella “la partícula de Dios” que mencionaban los físicos modernos, está arriba, abajo y en todo lugar; pero igual  y no se le puede ver. Es la utopía, que  me provoca para iniciar este ensayo sobre la clase de anatomía.

Soy cuarenta billones de células. En su seno se producen cientos de millones de reacciones químicas cada segundo, unas cifras que dan vértigo. Soy un holding a cuyo lado palidecen las más sofisticadas multinacionales. La muralla que me rodea 4m2 de piel, está sembrada de sensores, detectores de impactos, de temperatura…Dispongo de un sistema de aire acondicionado, los poros; de un servicio de información, los cinco sentidos; de comunicaciones rápidas, los nervios, y más lentas, las hormonas; de una defensa inmunitaria y, por último de una dirección general, el cerebro, encargada de arbitrar en los conflictos y de velar por la sustitución del personal, la procreación.” André Giordan. 2000.

…cuerpo humano de apariencia hermosa y divina; se le ve  cosa sencilla, pero es cosa demasiado compleja y pensante. Mal hablado, mal encarado, mal oliente, lleno de hueva, y de lenguajes obscenos. Cuerpo industrializado; mecanizado, materialista, consumista y trágico;   prueba de que está lleno de otras cosas: agua; huesos; órganos; músculos; tejidos, sangre, espermas, óvulos  y genes; es material demasiado denso e impenetrable.  Cuando intento meterme adentro de su espacio íntimo, este  se vuelve loco; próstata, bilis, emociones,  cáncer. Lo vuelvo a agujerear, lo empiezo a desgarrar… y el divino cuerpo aguanta todo.

Pero es, ante todo y sobre todo,  una extensión del alma… mi cuerpo no está solo ni vacío. Junto a mí hay  otros cuerpos, órganos, piezas, tejidos, rótulas,  falanges, humores; olores genitales, seminales y flujos vaginales;  sonidos, pero  también está lleno de mí mismo; yo soy lo que me rodea, yo soy el espacio donde estoy, yo soy mi cuerpo, yo soy mi mundo, y el mundo está estructurado alrededor de mi centro sensorial y corpóreo.

Un caos divino que esconde su desorden pero también su orden, donde germinan esperanzas y placeres, obligaciones y logros… una sed masiva de conocimiento que para muchos ofrece sentido a la vida del cuerpo.

…De pronto, dejando de un lado mis sueños, me encuentro con mi memoria, fuente del manantial del dibujo. Nada graba tan fijamente en mi memoria alguna cosa como el deseo de olvidarlo todo. Me veo en el antiguo santuario del arte; ahí me pasé los días, ahí me pasé los años, allí encontré el primer amor, taller antiguo donde  inicié la clase de anatomía: manos que miran y piensan, ojos que dibujan y saben escuchar; desde entonces admito que mis ojos y mis manos se encuentran en todas las partes de mi cuerpo… y no los puedo controlar, me llevan a donde ellos quieren; láminas anatómicas, bajorrelieves de huesos,  músculos, imágenes simbólicas sobre la divinidad del hombre. De maestro hermético que huele a pasado,  y con la edad cada vez estoy más consciente de mi deuda con la riqueza de aquella vida en el antiguo santuario del arte.

También ahí inicia la  gran pasión, descubrir el dibujo dentro de mi cuerpo.  Por eso ahora me significa también, tierra sagrada. Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces; recordando soy quién soy y quién no puedo ser y contengo dentro de mí el poder de las palabras herméticas que me llegan de otro tiempo, de otros espacios. Sólo tengo que meterme para adentro,  asomarme, y vivir en romance con mi  memoria.

Sin embargo mi memoria representa; aparte del manantial de dibujo, los deseos, satisfechos o fallidos. Súbitamente aparece aquel vacío; puerta de todas las maravillas, por donde entran y salen: información, sensaciones, desperdicios, humores; tengo acceso a los cinco sentidos llenos de órganos, pero ellos piensan y preparan mi relación con el mundo.

La cabeza no está hecha más que de agujeros; vitales, pero que también son mi perdición de vida cotidiana y cuyo centro de vacuidad representa muy bien el espíritu, el punto del alma, el gran vacío, la nada y el todo.

Pupilas, fosas nasales, boca, orejas, grandes extensiones sensoriales; son agujeros de salidas, entradas o llegadas, pero cavadas fuera del cuerpo. A un lado los otros agujeros, los de abajo, que son la esencia de vida y evacuación.

Esta concentración de orificios está unida al cuerpo por un delgado y frágil canal, el cuello atravesado por la médula y algunos vasos dispuestos a hincharse o a estallar. Ningún músculo en ella, sólo tendones y huesos que contienen  la sustancia blanda y gris con gran capacidad mental, que incluye el aprendizaje, la memoria, y el pensamiento; es la inteligencia y también el pendejismo; que ocupan todo el espacio del arte y los mil nombres que tiene el dibujo como dueño de los lenguajes; cuna de los opuestos; masculino-femenino. El cerebro  prolonga su hábitat  por todo el cuerpo: es mano, es ojo, es piel, es oreja, es nariz, es boca. El cuerpo es  movimiento  y actividad intelectual. Y entre esos órganos, piezas, tubos, drenajes, se encuentra la tienda más importante de mi cuerpo: el panóptico; desde donde se vigila precisamente la creación y la procreación de la vida.

…Luz que penetra los ojos y  permite conocer mi mundo interior y comprenderme yo mismo; luz vital  que me hiere para poder ver los mil colores del alma que está extendida por todas partes a lo largo de mi cuerpo.

Un día dijo Descartes, al referirse al alma y al cuerpo, “está enteramente por todas partes de él, en él mismo, insinuada en él, escurrida, infiltrada, impregnante, tentacular, insuflante, modelante, omnipotente”.

…Sonidos que llegan sin ser escuchados, corrientes vibratorias del río de la vida que enajenan  las fibras nerviosas para llegar a lo más profundo del corazón. Identifico el sonido y localizo al que habla y sé lo que me conviene. Me sintonizo con ritmos y melodías y mi cuerpo puede guardar el equilibrio, todo esto, y más,  los llevo ocultos  dentro de mi cabeza.

…El cuerpo, la piel, capa nueva o vieja, pero agujereada por billones de poros, orificios vitales; todo el resto es pura literatura anatómica fisiológica y médica. Músculos, tendones, nervios, y huesos, humores, glándulas y órganos con funciones cognitivas, son meros formalismos de función.

La piel del cuerpo es como la piel del libro de Artista a través de los siglos…

Más la verdad es que la piel hace contacto, auténtica extensión sensorial expuesta, completamente orientada al afuera al mismo tiempo que sirve de envoltorio del adentro, de un costal lleno de ruido de tripas producido por las   flatulencias intestinales y de olor a humedad, nauseabundos.

La piel toca y se hace tocar, y se deja tocar. La piel se acaricia y halaga, se lastima, se despelleja, se rasca. Es irritable y excitable. Toma el sol, el frío y el calor, el viento, el polvo, la lluvia, deja marcas del adentro; arrugas, granos, verrugas, excoriaciones y marcas del afuera, a veces las mismas o se aumentan  grietas, cicatrices, quemaduras. Piel, también siente el dolor del alma. Sin el tacto, la vida cotidiana sería casi imposible

…El cuerpo retiene el olor, los aromas y percibe sabor de alimento de sobrevivencia; y esto los almacena en una gran memoria. Dos órganos que están en contubernio más que con los otros tres. Salado, ácido, dulce,  y la amargura del corazón; estos sabores  son de arraigo encadenado  en nuestro cuerpo y determinan nuestro carácter.

…El  cuerpo, ese guiñapo, piltrafa humana, tanto es su valía, su divinidad, su belleza, tanta su hermosura, y de tantas necesidades, que merece que se piense en él.  Si, hasta es en lo único en que pensamos.

Al llegar el amanecer  el despertador te zarandea y  te das cuenta que el cuerpo no es nada espléndido, ni generoso, no le cumple a uno todos los días de la misma manera y en un descuido se nos arruina todo y la verdad es que cuesta trabajo abrir los ojos.   Sólo basta con entrar a la soledad del cuarto de baño para mirarse al espejo, incluso después de una noche de sueño completo, puede resultar una terrible pesadilla cuando te miras en el espejo de la vida  y más si estás desvelado, crudo o simplemente cansado; ojos borrosos, oídos que se quejan, boca pastosa y aliento sutil.  El encanto de la existencia se termina y empieza la batalla entre la luz que ilumina, el espejo y el cuerpo.

Uno tiene que salir vencedor para prevenir cualquier colapso en ese infierno que se convierte “el cuarto de baño” tan íntimo. Tu actitud debe ser más prudente y valiente, más higiénica, con agua fría o caliente; cuanto antes deshacerse de la mugre existencial que obstruye tu pensamiento y determina tu carácter al empezar el día.

Repitiendo esto, a la manera de Émile Cocué, creador de un método personal de autosugestión, si alguien, encogido al máximo, recorriese la superficie de mi cuerpo, descubriría un paisaje extraordinario.

Y es que los relieves de mí cuerpo no tienen nada que ver con un jardín bien diseñado, cuidado con esmero, recién peinado y rastrillado, con las avenidas trazadas con tiralíneas. Si contemplamos las fotos obtenidas con el microscopio  electrónico, el traje de carne rosa, amarilla o negra que me viste, según las latitudes geográficas, vale más que cualquier safari por África.

…El pelo. Un oquedal arisco, inextricable, poblado de troncos gruesos o delgados  que crecen en todas direcciones. Entre cien mil y ciento cincuenta mil de estos troncos, rubios, morenos, rojos o blancos adornan la cabeza de un adulto sano, de buenas o de malas costumbres; y crecen uno a uno,  cada día  irremediablemente.

…La frente. “Las estepas del Asia Central” más o menos áridas, como explicaba el cirujano Raymond Vilain, añadiendo que “la tierra se cuartea bajo el sol” y que “anchas escamas de queratina; la parte rígida de las células de la piel, se forman y se desprenden de ella”. Acá y allá se mecen finos juncos; el vello de húmedos tallos; el sebo. Cuando la temperatura sube, columnas de sudor, brotando de una multitud de pequeños pozos, las glándulas sudoríparas, se ponen en acción y riegan los alrededores de un limo resbaladizo de penetrante olor.

…El mentón masculino. Un promontorio tapizado con unos quince mil menhires; los pelos de la barba, que crecen un centímetro al mes, si es que una navaja mañanera no viene a segarlos.

…El tórax. O bien una sabana herbosa; en el hombre, o bien una meseta flanqueada por dos cerros simétricos y ondulantes en la mujer.

…Las axilas. Una selva tropical, lujuriosa, una maraña de lianas empapadas, en verano, por unas lluvias torrenciales y pestilentes.

…El ombligo. Un abismo en el que se amontonan desordenadamente polvo, restos textiles y residuos alimenticios; a pesar de haber sido el origen de la sobrevivencia.

…La palma de las manos. Una sucesión de crestas perforadas por cráteres; los poros, con erupciones benignas de sudor.

…Las uñas. Una capa de dureza y esterilidad absoluta, el desierto de la sed, un zócalo impasible, donde nada se pega, nada crece, nada vive; pero son  vestigios de garras de defensa social.

¿Pero que se oculta detrás de mi cuerpo? puesto que lo que veo de mí en el espejo no soy yo, sino la parte muerta de mi individuo, la que se irá con el próximo regaderazo. Todo eso junto hace que yo sea yo.

Ahora regreso con los alquimistas de la otra física y los antiguos místicos y miro mi Cabeza, en ella se expresa la dualidad esencia-substancia; materia-energía; espacio-tiempo. Concentrada en el círculo, forma perfecta, que simboliza  la  bóveda celestial. Esta misma polaridad está presente en el esqueleto del hombre cósmico. Lo sólido el elemento tierra, es el armazón material del universo: los “huesos del mundo. Tras ese armazón duro se encuentra la fuerza que lo anima: su médula. Por eso el esqueleto no representa sólo a la muerte, sino al principio de regeneración.

Pero sí los huesos son materia-energía, los dientes son espacio-tiempo. Son asimismo símbolos de las estrellas, y a nivel atmosférico se los asimila al granizo, mientras que desde el punto de vista terrestre son las piedras y las rocas. Los colmillos representan además a las fuerzas complementarias del universo. Las “muelas del juicio” a su vez, se consideran uno de los asientos de la inteligencia. Y es que los dientes participan del simbolismo del cráneo, la bóveda celeste y de la cabeza, símbolo a su vez del sol, cuyos rayos son los cabellos, y cada cabello representa un canal a través del que se desplazan hacia el resto del universo las fuerzas superiores de la divinidad.

La importancia del color tampoco escapa al simbolismo mágico. El rubio resalta su carácter solar. El rojo, sin embargo es tenido como un símbolo maléfico. El cabello negro, en cambio, se asocia a las fuerzas telúricas o a la noche cósmica, o al propio espacio entre las estrellas.

Cabeza y cabellos son las raíces del árbol micro cósmico el universo perceptible comienza a partir de este punto. Un abismo separa estos dos mundos “ideales” del universo: la garganta, donde se sitúa la esfera invisible en el árbol de la vida.

La columna vertebral es el eje que une todos los mundos de arriba-abajo y, también el pilar sobre el que se sostiene el universo; un pilar que es la columna vertical de Dios, es la escala por la cual bajaban y subían, ángeles.

Por cierto, una representación muy acertada de los impulsos nerviosos que bajan a través de la médula espinal. Descendiendo por la columna nos encontramos con el corazón; “el dios dador de vida”, es el sol del sistema que es cada ser humano, cuyo calor anima al resto del cuerpo. Ésta identificación del corazón con el sol se expresa en forma dramática en esa poética de los antiguos mexicanos.

El poder del centro. La misma función de centro cumple el ombligo. A partir de ese punto parece formarse el embrión humano, quizá ese punto mítico desde el cual se inició la expansión del dibujo… El esternón actúa de eje entre ambos centros, ombligo y corazón; y también los relaciona con los pulmones por los cuales circula el aliento y el aire, la atmósfera propia del hombre.

Por otro lado el esternón conecta dichos centros con el aparato digestivo y los intestinos, donde se almacena el poder mágico, y con el hígado al que siempre se le ha atribuido la sede de los aspectos burdos de la inteligencia, como la cólera. Las vísceras abdominales son la fragua donde se transforman las fuerzas y las energías.

Si seguimos descendiendo llegamos al final de la columna, que sirve de sostén a los dos mundos y cerca de estos puntos están las manos que piensan.  En  los genitales se sitúa la fuerza generadora, la fábrica de la vida. A partir de ahí, se “cristaliza” el universo físico. Esta esfera de la vida que se sitúa en ese punto se le llama “fundamento”.  Las piernas actúan como sostenes intermediarios entre el origen de la energía y el mundo terrenal.

Se trata de símbolos de fuerza y estabilidad en todas las culturas.

Las rodillas, sin embargo, son las que permiten la movilidad. Conocer ese punto equivale a conocer el mundo. Los pies por último, representan el punto más sólido de la creación, el auténtico mundo que percibimos. Corresponde a la última esfera en el árbol de la vida dividida en cuatro porciones para representar los cuatro elementos.

Con los pies, las divinidades que representan al hombre miden las dimensiones del universo. Curiosamente, el talón es el punto débil y la herida en esa parte del pie supone una ruptura entre el universo visible y el invisible.

Ahora puedo apreciar de cerca  la visión mítica-mágica del mundo que hemos habitado desde tiempos ancestrales y comentar como cada parte de nuestro cuerpo como divinidad, participa con las fuerzas del universo, pero que hemos olvidado que somos hijos de las estrellas…y, también somos las mismas estrellas. Hablaríamos  en tono profético de tiempo venidero en el que no habrá más hombres espirituales, sino solamente psíquicos digitales que ignorarán  y rechazarán lo que pertenece al espíritu del hombre. Y olvidarán que el cuerpo es la concepción divina del caos universal.

Mi cuerpo es un joven mayor que desea estudiar la forma para poder  modificar mis sueños… gracias…

Jorge Chuey.

Laboratorio de Dibujo.

Hombre de espíritu, hombre de carne y hueso.

Escuela nacional de Artes plásticas. UNAM.

Barrio de  la Concha, Xochimilco, D.F.  Agosto 16 de 2013.

Apuesta académica de Jorge Chuey. Autores implicados: Rita Carter, CEREBRO HUMANO. Roberto Winston, HUMANO. Jean Chevallier, DICCIONARIO DE LOS SÍMBOLOS. Roob Alexander, ALQUIMIA & MÍSTICA. André Giordan, MI CUERPO.

LA MAYOR MARAVILLA DEL MUNDO. Juhani Pallasmaa. LA MANO QUE PIENSA.

Mi agradecimiento A la nueva generación 2013-2014 de la ENAP por facilitar sus imágenes y a Jorge Mario Montesinos en la edición del video de respaldo visual.

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